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VILLENAPHOTO 2013 EN LA REVISTA TROTAMUNDO

Si no lo ha adivinado ya, cabe aclarar también que durante esos días Villena se transforma. La espectacularidad es ubicua, el ambiente desbordante y el momento para la pausa desaparece del dietario. Vale decir que, si durante unos sanfermines se manifiesta la tendencia a perder la noción del tiempo, tenga por seguro que en Villena le sucederá igual. Enlazará día con noche y noche con día así, de un soplo.
VILLENA, TIERRA DE HISTORIA, TRADICIONES Y TESOROS
Le proponemos visitar Villena y no es que vaya usted a encontrarse con una atrapante ciudad turística, llena de atractivos y preparada para el disfrute, no; no es eso. En Villena se encontrará, entre otras cosas, con sus costumbres, sus tradiciones, sus fiestas, sus tesoros y la calidez de sus gentes. Créanme que no es poco.
Tesoro de Villena. 
Foto: Gentileza Museo Arqueológico José María Soler
Su estratégica ubicación geográfica le asignó siempre el rol destacado de un nudo de comunicación. De corazón manchego e identidad alicantina (en 1836 fue incorporada a la comunidad valenciana), Villena reparte juego entre Murcia, Alicante y Castilla con la misma equidad, en pocos minutos se llega a cualquiera de ellas.
Sobre esta localización ha cimentado su importancia a través de los tiempos. Su emplazamiento en la comarca del Alto Vinalopó ha sido clave desde época prehistórica y de su esplendoroso pasado es fiel testimonio el sobrecogedor tesoro áureo hallado hace ahora cincuenta años por el arqueólogo José María Soler, que celosamente guarda y exhibe el Museo que lleva su nombre. 
Pero no ha sido uno sino dos los tesoros hallados en el término municipal. El principal, integrado nada menos que por casi diez kilos de oro, medio de plata y dos singulares piezas de hierro, es considerado único en su género en toda la Prehistoria peninsular. Pero unos meses antes se había descubierto el tesorillo de Cabezo Redondo. Riquezas de incalculable valor económico, pero nada comparable al otro tesoro de Villena: sus gentes.
Desfile de la Entrada; comienzan las fiestas de Moros y Cristianos. Villena se transforma, serán unos días intensos, inolvidables, sólo podrán superarlos los del año siguiente. FOTO: GENTILEZA DE PACO GISBERT.
El orgullo que transmite el villenense de su ciudad es, seguramente, lo primero que percibe el viajero que llega a la localidad alicantina. El cariño a sus costumbres, el respeto de sus tradiciones y su convicción para compartirlas, su disposición para integrar al visitante, son cualidades inestimables que les caracteriza. 
Muchos pueblos rinden culto a su acervo pero pocos como en Villena. A lo largo del año se desarrolla una extensa programación festera, muchas ligadas de una forma u otra al eje de su idiosincrasia, como son las fiestas de Moros y Cristianos que se desarrollan del 4 al 9 de cada septiembre y que comienzan a prepararse nada más terminar unas. Además, mantiene a lo largo de los meses un intenso caudal de actividades socioculturales bien diversificado.
Hace pocas semanas fue sede de Villenaphoto, una cita con el arte de la fotografía a la que no faltaron profesionales de renombre. Exposiciones, charlas, debates, talleres y hasta un record en forma de cianotipia, la más grande del mundo. Un enorme éxito.
Arriba:, José María Soler (1905‐1996), arqueólogo e historiador examinando piezas del tesoro cuyo detalle aparece en el documento grafico sobre estas líneas.
Abajo: Procesión de ‘La Morenica’ por las calles de la ciudad durante las celebraciones de septiembre.
PARA MOROS Y CRISTIANOS…, VILLENA
La magnitud de su puesta en escena la define fácilmente si apuntamos que 14 comparsas se reparten el escenario ciudadano, la mitad para cada bando. Para entendernos, antes de entrar en detalles, señalar que casi la mitad de la población forma parte activa de las representaciones. Padres, hijos, nietos, sobrinos, tíos, primos, amigos y todo quisqui que pase cerca tiene algo que ver con las Fiestas y con un papel asignado que lo debe cumplir a rajatabla. Mientras tanto, a la otra mitad, expectante, se suman las miles de personas que llegan, precisamente, para no perderse las afamadas celebraciones.
Testigo del paso del tiempo, esta edificación es la mas emblemática de Villena. Como tantos de los castillos que cohabitan la comarca, fueron levantados en los siglos XII y XIII por los musulmanes para intentar frenar a las huestes cristianas. El estado actual de la fortificación es fruto de diferentes actuaciones encaminadas a su protección, conservación y difusión.
El punto de partida fue 1931, año en el que se declara Monumento Histórico Nacional, y más tarde en 1958 se iniciaron los primeros trabajos de restauración. Las últimas intervenciones datan de septiembre de 2013. Foto: Museo Villena.
Si no lo ha adivinado ya, cabe aclarar también que durante esos días Villena se transforma. La espectacularidad es ubicua, el ambiente desbordante y el momento para la pausa desaparece del dietario. Vale decir que, si durante unos sanfermines se manifiesta la tendencia a perder la noción del tiempo, tenga por seguro que en Villena le sucederá igual. Enlazará día con noche y noche con día así, de un soplo.
Iglesia de Santiago, del siglo XIV, Monumento Histórico Artístico desde 1931.
Su peso histórico se evidencia desde época neolítica, continuo posteriormente como eje de la Vía Heraclea y más tarde compartiendo protagonismo con las vecinas poblaciones de Biar, Sax, Fuente la Higuera, Yecla y Caudete.
Aclarados estos puntos, puntualicemos entonces que las Fiestas de Fiestas de Moros y Cristianos se celebran en honor a Nuestra Señora Virgen de las Virtudes, cariñosamente conocida como ‘La Morenica’. Es la patrona de la ciudad y el origen de la conmemoración se remonta a la segunda mitad del siglo XV. El desarrollo obedece a cánones bien entrenados a lo largo de los años en los que cada uno de los participantes cumple con su rol obedeciendo fielmente al argumento festero.
Una hora de automóvil separa a Villena de Murcia, Valencia o Albacete. Media hora de la ciudad de Alicante y poco más del Aeropuerto Internacional de Alicante‐Elche. También cuenta con estación de trenes Talgo y Alvia en pleno centro urbano y una estación del AVE Madrid‐Alicante a seis kilómetros de la ciudad.
Los montes de la comarca son ricos en hierbas aromáticas (romero, tomillo, enebro, aliaga, sabina, etc.), además de las explotaciones de olivo y vides.
Pero no vaya usted a creer que algo queda librado al ímprobo poder del azar. Nada. Menos aún la indumentaria. Cada comparsa hace gala de vestimenta de diseño, renovada constantemente y nada, pero nada barata. Todo esfuerzo es poco para poder presumir de sus Fiestas, y lo hacen, vaya si lo hacen. Donde vaya un villenense quedará referencia que para Moros y Cristianos, no hay como su tierra. Así que ya sabe, si le cuadra en septiembre y quiere vivir una experiencia única, acérquese a Villena y después nos cuenta.
Una ciudad agradable a un paso de las comunidades valenciana, murciana y castellano‐manchega. El posicionamiento geográfico que desde antaño le otorga un rol estratégico como nudo de comunicaciones.
RECIBIMIENTO CON HONORES
Quedó dicha la importancia de las Fiestas. Por extensión, todo lo relativo a ellas y como no podría ser de otra manera, las bandas de música. Indisolublemente ligada a la celebración, el sentido de pertenencia alcanza su esplendor.
En Villena se produce un hecho curioso que refleja el ya citado sentimiento de integración. Me tocó presenciarlo una mañana de este noviembre que acabamos de dejar atrás. Me sorprendió una banda de música en pleno pasacalles haciendo su trabajo, pero antecediéndola, un pequeño grupo de personas. Me explicaron que cuando un nuevo miembro se incorpora la banda al completo se presenta en la casa de novel compañero como homenaje y así, él o ella en cuestión, acompañado por sus familiares, presiden el desfile por las calles dando cuenta del honor de pasar a formar parte de un grupo del que se siente integrado y respetado desde el primer día. Una costumbre asombrosamente bonita por cierto. Nada común en estos tiempos.
Otra práctica generalizada que también sorprende al visitante es la de quedar para desayunar. Hay gente -como el que esto escribe- que no suele ser simpática a primeras horas. A nadie se le ocurriría invitarme a desayunar, a menos que tenga especial afición a los gruñidos, sin embargo, la gente en Villena se reúne por las mañanas. Las cafeterías se llenan y la gente conversa animadamente entre suculentos desayunos mediterráneos.
Atendiendo a aquello de que “Donde fueres haz lo que vieres’, me sumé a la costumbre y déjenme que les cuente que resulta una forma de comenzar la jornada laboral con cierta dosis de complicidad. Podría acostumbrarme más fácilmente que a cenar a las seis de la tarde.
Teatro Chapí. Inaugurado en 1925 lleva el nombre de Ruperto Chapí, compositor e Hijo Predilecto de Villena. Tras un largo periodo de restauración, la sala se reabrió en 1999.
La estatua recuerda su figura con esplendor. Detrás se puede apreciar la fachada del teatro.
EN VILLENA NADA ES COMO PARECE
Comentadas algunas cualidades intrínsecas de los villenenses, a nadie debería sorprender que uno de los tesoros más importantes hallados en nuestro país, fuera en Villena. Tampoco que fuera uno, sino dos. Y menos aún la manera en que se encontraron.
Al hablar del descubrimiento de un tesoro, tiende uno a imaginar a un denodado grupo de arqueólogos, espalda al sol, removiendo pacientemente el suelo hasta dar con el hallazgo…, pues no. En Villena ha sido distinto. Les cuento: Hablamos ya del riquísimo patrimonio histórico de Villena y comarca. Tenemos también que citar al arqueólogo José María Soler como uno de sus más fervientes investigadores, tanto que la posteridad le ha reservado un apropiado sitio a sus desvelos. Él intuía, sabía, que el rico pasado histórico de Villena debía de manifestarse materialmente. Que más temprano que tarde respondería de forma incontestable a tanto estudio y al final, el momento llegó, pero a su manera.
Quedar para compartir los desayunos animados antes de comenzar la jornada laboral. Una costumbre curiosa y arraigada en la ciudad.
Irene, la eficiente guía del Museo, ensenando el tesoro a visitantes.
Una ciudad de vida apacible y a veces, contemplativa.
Otros datos de interés
Para programar una visita: www.turismovillena.com
Para enterarse de todo: www.villenacuentame.com
Más imágenes: www.villenaphoto.com
Fue en 1963 cuando en una obra que se realizaba en la ciudad, apareció un elemento extraño de forma circular entre la arena que acababa de volcar un camión, procedente de la cantera de la Rambla del Panadero, en la Sierra del Morrón. Los obreros pensaron que se trataba de una pieza que podría haber perdido algunos de los vehículos y expusieron ese hallazgo colgado de un alambre en el portal de la obra durante algunos días.
Al no reclamarlo nadie, los niños aparecieron en escena e hicieron lo que se espera de ellos, es decir, jugar con el misterioso objeto. Así, llevándolo a correr de aquí para allá y de allá para aquí, los siglos de tierra petrificada fueron devastándose, dejando entrever un brillo llamativo.
Los niños dieron parte a un adulto, los adultos a un joyero, que tras examinar minuciosamente la pieza confirmó que se trataba de un brazalete de oro macizo de medio kilo de peso y de 23,5 quilates, de un valor incalculable y evidentemente, muy difícil de datar. El siguiente paso fue dirigirse al director del Museo, José María Soler.
Desfile de la banda de música en honor al nuevo miembro, que preside el grupo. FOTOS: ANA Mª ALIAGA
A Soler y su grupo de colaboradores les faltó tiempo para volar hacia la Sierra del Morrón y al atardecer del 1 de diciembre de 1963, hallaban uno de los tesoros áureos más importantes de España y de la prehistoria europea.
Enterrado en las inmediaciones del sitio donde los camiones cargaban el material destinado a la construcción, apareció una vasija en cuyo interior guardaba el inmenso tesoro: 28 brazaletes, 11 cuencos, 2 botellas y 12 piezas diversas de oro. Otras tres botellas de plata; un curioso brazalete de hierro y algunas piezas mixtas de hierro y oro y un botón de ámbar y oro.
Anonadados, estupefactos, sorprendidos, abrumados, pasmados, sobrecogidos, atónitos…, elija el calificativo que prefiera porque seguro acierta para definir el estado de conmoción en que habrán quedado los descubridores. Casi diez kilos de oro, medio kilo de plata y dos singulares piezas de hierro.
Durante la celebración de Villenaphoto se realizo una cianotipia de 0,85 x 2,10 m que espera ser certificado en el Libro Guiness de los Records como la más grande del mundo.
Un laborioso proceso químico que utiliza la luz del sol como activador de los compuestos que, como resultado final, ofrece una reproducción fotográfica de un llamativo color azul.
Este hallazgo, capaz de hacer empalidecer al propio Gollum, ha sido el que ha marcado para siempre la historia de Villena, pero hay que recordar que en este pueblo nada es como parece, porque unos meses antes, concretamente en abril de ese mismo año, Soler había refrendado sus teorías con el descubrimiento del tesoro de Cabezo Redondo, que por obra y gracia del de la Sierra del Morrón pasó a ser el ‘tesorillo’, formado por 35 piezas de oro diseñadas como ornamentación personal (diademas, anillos, brazaletes, colgantes, collares, etc.) que sumaban 150 gramos de oro.
Aunque aún no se ha podido establecer a ciencia cierta el origen y data de estos tesoros, científicos e investigadores de renombre sostienen los estudios de Soler que señalan que estamos ante una obra maestra de la orfebrería europea de la Edad del Bronce.
Ambos tesoros se conservan en el Museo Arqueológico José María Soler, ubicado en el Ayuntamiento de Villena.
Plaza de Toros. Construida en 1924, fue remodelada en 2011. Se introdujeron novedades edilicias como la cafetería piramidal, el cerramiento acristalado y otras mas pragmáticas como salas de exposiciones, de reuniones, de conferencias, alrededor de los burladeros.
Como es dable imaginar, también persiste la controversia entre defensores de la tauromaquia y quienes se oponen al sacrificio absurdo de los animales para divertimento de otros. La Plaza ha quedado realmente bonita y con un cerramiento diáfano que multiplica su funcionalidad.
Lo dicho, si usted se acerca a conocer Villena tenga por seguro que no desperdiciará su tiempo. Habrá descubierto un montón de particularidades y seguro que se irá con la alegría de contar con nuevos amigos a los que prometerá volver. A verles, sí, pero también para compartir ese gazpacho manchego que seguro le habrán servido en su honor, o una laboriosa gachamiga, o lo que sea, ya que no hay duda que nada sabe mejor que una mesa entre amigos..., y si es con vino de la tierra, pues mejor.
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