LA AFV, EN BOCAIRENTE, NATURALEZA, PATRIMONIO Y MUCHA FOTOGRAFÍA. MARZO 2026

La mañana salió fresca, pero todo auguraba un día espléndido, que fue el que tuvimos el sábado 28 de marzo de 2026. Punto de encuentro: churrería El Bravo, donde comenzamos con unos churros con chocolate para coger fuerzas, nos esperaba una jornada completa donde se mezclaría la naturaleza, el patrimonio cultural, el buen yantar y la puesta de sol.
Primera parada: la Sierra de Mariola, un paseo que nos llenó los pulmones de aire fresco y donde pudimos admirar la incipiente primavera: orquídeas, nazarenos, las flores de la aliaga, el romero o el endrino; un paseo botánico hasta llegar al fonde del valle que lo surca un reguero que se supone que es el río Vinalopó antes de llegar a la Font de la Coveta (nacimiento oficial de río) y es que entre bañerenses y los bocairentinos siempre ha había una disputa sobre donde nace el río. Vuelta a los coches, no sin antes pasar por un caserío abandonado donde higueras, hiedra y zarzas comenzaban a adueñarse de él. Desde allí unas vistas preciosas a la Sierra con esos campos de cultivos repletos de rabanizas blancas, que les dejaba eses manto como la nieve, estas primeras flores dan la bienvenida a la primavera.
Teníamos cita a las 12.00 para ver les Covetes de Colomer, así que después de un tentempié nos fuimos al pueblo. Dejamos los coches en el cementerio, porque por el pueblo es imposible circular y también es verdad que desde allí hay unas maravillosas vistas de Bocairente y de su ermita del Santo Cristo. Fuimos bajando, cruzamos el puente hasta llegar al punto de encuentro con el guía, el lugar donde se pagaban los impuestos si querías vender tu mercancía en el pueblo; cuenta la leyenda que en una ocasión un mercader que llevaba vino decidió no pagar y beberse todo su cargamento en ese mismo lugar. Bocairente es inexpugnable lo atraviesa el río Clariano, por lo que en una época medieval ese puente era el único punto de entrada.
Llegó el guía y entramos en las “Covetes de Colomer”, donde nos explicó que tanto aquellas cuevas como las que hay enfrente, “les covetes dels Mors” y en otras partes del pueblo se picaron en la piedra para guardar el grano. Nos pusieron un vídeo de todo el patrimonio en piedra que hay en Bocairente y nos quedamos con esa sensación de que los bocairentinos debían de ser descendientes de “Los Picapiedra”, porque es impresionante todo lo que, a partir de picar, tienen hecho: cuevas, pozos de nieve, plaza de toros excavada, incluso un convento rupestre… ¡Una maravilla!
Después de esa visita teníamos previsto también el pozo de nieve “Cava de Sant Blai”, que fue redescubierto en 2003 y ahora, una vez recuperado, es visitable. Pero sí que cuando el comercio de la nieve pasó a mejor vida, ese pozo pasó a ser aljibe, después a recoger las aguas negras y de ahí, “enterrado” entre los desperdicios y cubierto de vegetación, dejó de ser considerado y olvidado. Es impresionante, tanto la forma de entrar como lo que encuentras dentro.
De allí y callejeando por el barrio medieval, con cuestas prominentes pero muy bien cuidado está repleto de rincones encantadores, fuentes y macetas de flores, disfrutamos de este patrimonio hasta llegar al centro, donde nos esperaba el restaurante donde habíamos reservado para comer: restaurante Solbes, que comimos de maravilla, pero destaco uno de los postres, que era un mousse de herbero que estaba riquísimo y recogía la esencia de ese licor tan particular que hacen en la zona.
Salimos del restaurante satisfechos y seguimos viendo el pueblo. Es muy sorprendente ver las alturas de las casas en la plaza, pero es que están por encima de la roca, y claro, en la calle de arriba por donde se entra son alturas normales, y los locales que hay en la plaza en realidad son cuevas por debajo de ellas excavadas en la roca, pero no lo parece; es algo sorprendente. Seguimos callejeando hasta llegar a unos puestos de productos artesanales de la zona; pudimos degustar algunos de los licores más famosos, incluido el herbero, y compramos algunos tarros de pericana, también típico de esta zona que está hecho a base de pimiento y tomate seco bacaloa ajo y aceite.
Ya comenzamos la vuelta a los coches por la ruta mágica que te lleva por un camino de piedra, como por la parte baja del pueblo, hasta llegar al puente que ya habíamos cruzado para salir y llegar a los coches, que estaban arriba en el cementerio, y que la bajada que tan alegremente habíamos hecho por la mañana, tan contentos nosotros, no sabiendo el día tan estupendo que nos esperaba, se veía ahora abrupta e interminable.
Pero todavía nos quedaba rematar las actividades. Nuestra compañera María José, además de organizar este día tan intenso, se preocupó en buscar un sitio desde la sierra donde, sin que nos taparan los árboles, pudiéramos fotografiar el atardecer para que el sol se escondiera por detrás de la torre. Ahí estuvimos preparados, esperando el momento mágico de luces que ocurren en ese instante tan especial.
Ese fue el final de una excursión de muchas fotografías y de disfrutar con este arte y de la convivencia. En algo estamos de acuerdo, y es que en estas excursiones es cuando más se aprende de fotografía, porque durante toda la jornada se comparten dudas, se resuelven y se aprenden cosas siempre muy interesantes. Así que nos despedimos hasta el próximo encuentro, aunque nos han quedado muchas cosas que disfrutar en este pueblo excavado en la piedra.
Crónica: Mª Ángeles Alonso
Fotos: Mª Ángeles Alonso, Maria José Tarruella y Ana Mary Aliaga 

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